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El microprocesador hace posible productos y servicios que ya
forman parte de nuestra cultura, como las calculadoras de mano y
los juegos de video.
Foto: Miguel Gómez |
Cuando se va a comprar una computadora, lo primero que se piensa es
en la velocidad del microprocesador, o microchip, o ‘‘procesador’’,
como se le conoce comúnmente, mientras más rápido sea, más poderosa
es la computadora, casi todo el mundo está al tanto de este detalle.
Lo que talvez no se tenga en cuenta es que los microprocesadores se
utilizan para hacer funcionar una gran cantidad de aparatos que
usamos en nuestra vida diaria, y no importa qué tan rápido o potente
sean, hacen su trabajo, sin que nos demos ni
cuenta.
¿Qué es un microprocesador?
Ya sabemos que es el cerebro de los equipos electrónicos, pero
técnicamente, el microprocesador es un tipo de componente
electrónico en cuyo interior existen miles (o millones) de elementos
llamados transistores (o circuitos), cuya combinación permite
realizar el trabajo para el que haya sido diseñado un
microprocesador en particular.
La cantidad de transistores que posea es proporcional a la capacidad
de procesamiento. Los microprocesadores actuales están construidos
básicamente de un material llamado silicio.
Equipos con microprocesador
El microprocesador hace posible productos y servicios que ya forman
parte de nuestra cultura. Por ejemplo, los relojes digitales, las
calculadoras de mano, los juegos de video, las computadoras
personales, los procesadores de palabras, los cajeros automáticos,
los lectores de códigos del supermercado, reproductores de
resonancia magnética, la televisión de satélite de transmisión
directa, las videograbadoras, las cámaras de video, la inyección de
combustible electrónica, los frenos anti-lock, los teléfonos
celulares, las fibras ópticas, láseres médicos, robots
industriales... la lista no termina. Ninguna de estas innovaciones
habría sido posible sin el microprocesador.
Según Michael Malone, en su libro One Digital Day,
actualmente existen más de 15 mil millones de microprocesadores en
uso, cifra equivalente a dos potentes computadoras por cada hombre,
mujer y niño en el planeta.
El futuro
A medida que los microprocesadores avanzan en complejidad,
volviéndose cada vez más pequeños y poderosos, permiten el
surgimiento de nuevos equipos y también reducen el tamaño de los
existentes, ya lo hemos visto en el caso de las computadoras, que
ahora las hay hasta de bolsillo, y se conocen planes de construir
robots tan pequeños que viajen por el torrente sanguíneo para
combatir enfermedades.
Para que haya avances significativos, la tecnología de los
microprocesadores debe de cambiar. Hasta ahora, los
microprocesadores han aumentado su capacidad con un ritmo similar a
la famosa ley de Moore.
En 1965, el científico Gordon Moore, fundador de la empresa Intel,
predijo que la densidad de circuitos en los microprocesadores se
duplicará cada 18 meses. Eso también implica aumento de velocidad de
procesamiento, reducción de costo y tamaño en las computadoras, por
lo que cada 18 meses usted podría comprar por el mismo precio un
microprocesador con el doble de capacidad.
Se espera que esta ley se siga cumpliendo hasta al segunda década
del siglo XXI, pero hay otros que esperan romperla, construyendo
microprocesadores que no sean de silicio ni de transistores.
Alternativas
Los científicos creen que la tecnología de silicio alcanzará sus
límites físicos y económicos alrededor del 2012. La búsqueda del
futuro post silicio admite alternativas como:
- La computación cuántica: un electrón puede estar en dos lugares al
mismo tiempo.
- La computación biológica: el ADN, o incluso un tubo de ensayo con
bacterias es capaz de realizar tareas informáticas.
- La computación molecular (nanotecnología): Consideran que el
futuro de la informática puede estar en los llamados nanotubos de
carbono. Estos son moléculas alargadas, 50 mil veces más delgadas
que un cabello humano. Con la tecnología actual, los fabricantes de
microprocesadores pueden imprimir circuitos en silicio con tamaño
hasta de 0.1 micras, o sea, mil veces más delgados que un cabello
humano.
Si, en efecto, la computación molecular se convierte en realidad,
será un avance increíble con respecto al silicio. Una razón: la
miniaturización sofisticada con silicio resulta cada vez más cara,
mientras que las moléculas apenas miden un par de nanómetros. En
otras palabras, las memorias moleculares tendrían una capacidad un
millón de veces mayor a los chips de hoy, y harían que la ley de
Moore se volviera del todo obsoleta.
Empresas como Hewlett Packard e IBM trabajan en la fabricación de
los microprocesadores del futuro, e incluso han anunciado avances
con la computación molecular. No está lejano el día en que se
revolucione nuevamente la informática y la tecnología en general. |